lunes, 19 de mayo de 2008

Hace un par de días decidí salir, me dijeron que había un evento de habitantes de otros planetas, que todos ellos se reunían y pasaban un rato juntos mirando novedades del mercado de objetos de colección, cantaban a coro canciones en una lengua desconocida para mi (cuando les escuché eché de menos a 3PO)
Llegué allí y comencé a observarles con curiosidad, ellos no reparaban en mi, era como si yo no estuviera, cosa que nunca me había pasado, ya que a donde van los Jedis siempre atraen las miradas (será por el sable). El caso es que enseguida me di cuenta de por qué era, al fondo, junto a la gente que cantaba en lengua extraña, estaba la razón. Algunos caballeros Jedi estaban allí haciendo una demostración, unos iban con la túnica y la capa, otros iban algo más discretos.
Al principio, cuando pensé en ir, creí que estaría fuera de lugar, los Jedis no suelen ir a esas cosas, pero cuando fui me alegré mucho de haber decidido aparecen en aquel pabellón, ya que pasé un rato estupendo, rodeada de gente divertida y con ganas de reírse y pasarlo bien, y parece que la voz corrió en la orden, ahora los Jedis... también van al expomanga...

sábado, 3 de mayo de 2008

Ser Jedi es complicado. Desde que eres un niño te dicen que tienes que controlarte, que no puedes dejarte llevar, tienes el poder de arrancarle la cabeza a un tipo, aunque se lo merezca, pero no puedes hacerlo, porque eres un Jedi. Intentas que la cosa no se te vaya de las manos, respiras, cuentas hasta diez... vuelves a contar hasta diez...

El otro día, en el lugar donde trabajo (sí, soy Jedi y además trabajo, los tiempos que corren así lo exigen) una buena mujer se dirigió a mi: “señorita, ¿me orienta?” me doy la vuelta (“ sí mire, detrás de usted está el norte”) y con mi mejor sonrisa le contesto: “dígame”. De momento todo iba bien, sin problemas.
-¿Qué necesita?- le pregunto educadamente

-Pues no lo sé

Bien... esto ya es mala señal, ¿cómo quiere que la ayude si no sabe lo que quiere? bueno, vamos a ver, seguro que esto mejora (y vaya si mejoró)
-Soy profesora- (y yo Jedi... ¿y?)-y quería algo para las clases

-Algo ¿como qué?

-Películas

-Ah, pues están aquí, en DVD ¿busca alguna en particular?

-Un poco de todo

-Bueno, pues aquí los documentales, los dibujos animados, las películas

-Ya, pero es que son para los niños

-Pues las películas de niños están aquí

-Pero no son tan niños

-Las otras están aquí

-Pero eso no es lo que quiero
Llegados a este punto ya me entraron ganas de mandar a la señora a recoger estiércol de bantha al desierto de Tatooine.
-¿Y qué es lo que quiere?

-Pues algo para las clases.

-(uno, dos, tres, cuatro...) Para lecciones concretas tenemos estos documentales cortos sobre temas determinados

-No eso no lo quiero
Respirando, y contando ya por el 124, le selecciono algunas películas y se las enseño.

-¿Y si cuando las vea no me gustan las puedo cambiar?

-Pues no, porque al estar abiertas no se pueden cambiar.

-Ya bueno, pero es que como no me estás orientando nada y no sé si lo que me voy a comprar me conviene.

(125...126...127...) -¿Ve a ese señor? Él lleva más tiempo aquí que yo, le pregunta a él.
Al rato, reaparece la misma mujer, muy resuelta con una torre de películas para pagarlas. Poco a poco voy cobrando todo y entonces me dice:

-Me las mandas al colegio, estos son los datos, y me da un papel

-Vale, entonces a la cuenta se añaden los gastos de envío

-¡¿Cómo?! ¿Vas a cobrarme los gastos de envío? Pero si es para un colegio

-¿Y? (1256...1257...1258...)

-Bueno, bueno-se coloca el bolso-¿y qué me vais a regalar?

-¿Perdón? No voy a regalarle nada

-¡¿Pero si en todas las librerías me regalan algo?!

(Pues qué suerte tiene) –Pero es que yo no puedo regalarle nada.

-Bueno, bueno, pero que sepan que me voy muy descontenta...
Me he dado cuenta de que aunque seamos Jedi a veces hasta el maestro Yoda perdería los papeles.

Cuando entré en la Academia Jedi me dijeron que cada noche debía meditar para estar en armonía con la Fuerza. Y yo lo intentaba, todas las tardes agotada de darle al sable de pega que nos daban me sentaba en mi cuarto cerraba los ojos tan fuerte como podía y meditaba. Al día siguiente no notaba la diferencia, pero yo llegaba a mis lecciones orgullosa por estar en armonía con la Fuerza.

Ahora que soy mayor la Fuerza me habla, y a veces, yo también le hablo a ella y consigo resultados asombrosos, porque desde que medito y reflexiono sobre lo que hago cada día, consigo estar en armonía conmigo misma, y creo que, en definitiva, eso es estar en armonía con la Fuerza.